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¡Por fin llega el verano! Y con él todo lo que estamos esperando todo un
año: las vacaciones, las terrazas en la playa, ver a los amigos sin sentirnos
culpables por madrugar al día siguiente…pero lo que yo realmente estoy
esperando con ganas es El Cine de Verano.

Y por cine de verano, no me refiero a los súper estrenos taquilleros a los que
nos tiene acostumbrado Hollywood, que por cierto, son los mismos año tras
año. No, por cine de Verano me refiero a ese Cine que se hace en las plazas,
Alamedas e incluso en los antiguos cauces de los ríos. Porque el verano es
tiempo de reivindicar el cine en la calle como un espacio de encuentro.

Cine de verano

Yo pasé mi juventud en Galicia y debido a su “maravilloso” clima, los cines de
verano no eran algo muy habitual, por no decir inexistente. Por eso, creo que
la primera vez que tuve conocimiento de la existencia de los cines de verano,
fue, como no, gracias a una película: “Cinema Paradiso” (1988, Giuseppe Tornatore). En esta película, de obligado e indiscutible visionado, hay una
escena en la que su protagonista: Toto, quien vive en un pequeño pueblo
pesquero del sur de Italia, programa un ciclo de cine en la Playa, y toda la
gente se reúne delante de una gran pantalla al aire libre para compartir ese
momento, incluso algunos pícaros que no tenían dinero para pagar la entrada,
veían la película desde sus barcas.

La imagen de toda esa gente riéndose y viendo una película al aire libre,
me impactó, porque cambiaba totalmente la imagen que yo tenía hasta ese
momento de las salas de cine. Un lugar oscuro, en el que hay que estar
sentado correctamente en tu butaca, rezando porque no te toque alguien
más alto que tú delante e intentando hacer el mínimo ruido posible al comer
palomitas.

Llegados a este punto debo confesar que yo soy de los que en el cine mira con
mala cara a los que llegan tarde, a los que hablan durante la película y apunto
en mi lista negra particular a todos aquellos a los que le suena el móvil. Pero
eso solo es válido en las salas convencionales de cine, en los Cines de Verano
las reglas cambian radicalmente, ya que el Cine sale de su espacio natural
para convertirse en un evento social, ahora da igual que los niños comenten
las películas en voz alta, que alguien pregunte después de haber llegado tarde
¿Qué me he perdido?, incluso el ruido de las palomitas y de las chocolatinas
está permitido. De hecho, algo dentro de mí disfruta de esa libertad.

Y no soy el único en ser consciente de esa libertad, ya por el año 1933 en
New Jersey (Estados Unidos), cuando el inventor del Autocine, Richard M.
Hollingshead, daba a conocer su invención al mundo, usó como reclamo
publicitario el siguiente Slogan “Toda la familia es bienvenida, sin importar lo
ruidosos que sean sus niños”.

autocine 01

En muchos lugares la llegada de estos cines es todo un acontecimiento, ya
que no disponen en su localidad de salas de cine habitual. Así que cuando
los “jodidos peliculeros” (tal y como los llamaba Fernando Fernán Gómez en “El viaje a ninguna parte”) llegan, se produce una metamorfosis completa. Las ramblas se llenan de toldos, las tiendas sacan sus productos a la calle y se
cortan las calles, para que todo el mundo pueda ser parte del evento desde
mucho antes de empezar la película.

Además una vez has visto una plaza con una pantalla gigante, y has podido
disfrutar de una película en ella, es imposible que al volver a pasear más
adelante por ese mismo sitio, no recuerdes que allí pasó algo especial, sin
duda fuera de lugar, pero a fin de cuentas mágico. Con lo que los lugares que
habitualmente miras sin ver, que has recorrido cientos de veces ahora guardan
un secreto, un sentimiento, algo que te recuerda que todas las cosas pueden
ser más luminosas si se miran con corazón.

Aunque sinceramente no envidio a los programadores de estas salas
ambulantes ya que conseguir encontrar la película que a todo el mundo le
guste, teniendo en cuenta la mezcla de edades, es una tarea titánica.

Por eso creo que siempre aprovechan para rescatar viejos clásicos, algo
que me alegra mucho ya que son películas que muchos no hemos tenido la
oportunidad de ver nunca en pantalla grande y ahora gracias a los cines de
verano podemos disfrutarlas en su formato y tamaño originales.

Así que se vea por donde se vea, creo que los cines de verano son la excusa
perfecta para descansar y disfrutar, porque cuando el calor aprieta los cines de
verano son un buen plan, incluso para los presupuestos más ajustados, son
fresquitos, divertidos y perfectos para compartir con los amigos o vecinos.

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